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Blog Padres, Madres, Apoderados y Apoderadas
Fecha: 23/marzo/2010
Las vacaciones de verano de nuestros hijos son un desafío a nuestra tolerancia, disciplina y creatividad. La presencia de los niños en la casa todo el día exige una reestructuración de las rutinas, una sobredosis de paciencia, pero también nos ofrece una oportunidad única en el año para reencontrarnos con ellos, reconocerlos y cultivar la sana convivencia familiar. ¿Cómo lograrlo? Cada familia se enfrenta en vacaciones a sus propias complejidades, que suelen tensar la convivencia: padres separados que deben alcanzar acuerdos para pasar tiempo con sus hijos, adolescentes que luchan por vacacionar con amigos y no con la familia, diferencias en el concepto de descanso, padres sin vacaciones, niños aburridos y un eterno etcétera. Sin embargo, existen problemas comunes y algunas ideas que vale la pena considerar para enfrentarlos. La primera que sugiero tener presente fue publicada este domingo en el Diario La Tercera (1) . Se trata de un estudio realizado por las sicólogas Teresa Belton y Esther Priyadharshini, publicado en el Cambridge Journal of Education, quienes rompen el mito de que el aburrimiento es perjudicial para los niños, afirmando que esta emoción “debe ser reconocida como una condición central para el aprendizaje y la creatividad”. En el artículo argumentan además que “entre los beneficios de estar aburrido se encuentran el desarrollo de la creatividad, la autonomía, la tolerancia a la frustración y de estrategias para enfrentar problemas, todos cruciales en el aprendizaje”. Los detalles de la investigación pueden verlos en el artículo original (2). Esto nos absuelve de la responsabilidad de que nuestros hijos estén “entretenidos” las 24 horas del día, y por ende de la culpa que sentimos frente a frases como “estoy aburrido”. Teniendo esto como base podemos pasar al siguiente punto. Por nuestra salud mental, la de ellos y la convivencia familiar, no podemos permitir que este cambio de rutina anual se transforme en la tiranía de los bajitos. La planificación y la organización no atentan contra el relajo de esta época del año, al contrario. Establecer horarios, días de descanso, instancias de encuentro y momentos de diversión, permitirá que todos, padres e hijos, podamos descansar. Propongo que seamos organizados y creativos, más allá de nuestro presupuesto o disponibilidad de tiempo. Coordinémonos con nuestra red familiar para que nuestros hijos pasen el mayor tiempo posible acompañados haciendo alguna actividad novedosa. Programemos las actividades considerando los intereses de todos. Dejemos tiempo para compartir con ellos al volver al trabajo, aprovechando que se dormirán más tarde. Mantengamos algunos horarios y restricciones. Sobre este punto la sicóloga infantil Amanda Céspedes recomienda en el artículo citado anteriormente (1), que los niños no se duerman más allá de dos horas después que de costumbre, para que se levanten temprano (o relativamente temprano). Que no pasen más de una hora frente a una pantalla (de computador, televisor o juegos). Que hagan actividades al aire libre. Que compartamos con ellos sin estar encima y que participen en talleres o actividades programadas. Al contrario de lo que podríamos pensar, la falta de rutina mínima dificulta el descanso. Programarnos genera expectativas de lo que vendrá y confianza en que todos tendremos tiempo de hacer lo que queremos. Ya que tenemos la oportunidad de convivir y compartir más con nuestros hijos estos meses, hagamos de este tiempo un momento de reencuentro para conocerlos un poco más y fortalecer los lazos familiares. Nos exige un esfuerzo extra de energía, pero sin duda se compensa con el bienestar que provoca un sano clima familiar. 1 Diario La Tercera, sección Educación. 24 de enero de 2010. Link www.latercera.com/contenido/681_220360_9.shtml 2 www.latercera.com/contenido/681_220360_9.shtml
Cada familia se enfrenta en vacaciones a sus propias complejidades, que suelen tensar la convivencia: padres separados que deben alcanzar acuerdos para pasar tiempo con sus hijos, adolescentes que luchan por vacacionar con amigos y no con la familia, diferencias en el concepto de descanso, padres sin vacaciones, niños aburridos y un eterno etcétera.
Sin embargo, existen problemas comunes y algunas ideas que vale la pena considerar para enfrentarlos. La primera que sugiero tener presente fue publicada este domingo en el Diario La Tercera (1) . Se trata de un estudio realizado por las sicólogas Teresa Belton y Esther Priyadharshini, publicado en el Cambridge Journal of Education, quienes rompen el mito de que el aburrimiento es perjudicial para los niños, afirmando que esta emoción “debe ser reconocida como una condición central para el aprendizaje y la creatividad”.
En el artículo argumentan además que “entre los beneficios de estar aburrido se encuentran el desarrollo de la creatividad, la autonomía, la tolerancia a la frustración y de estrategias para enfrentar problemas, todos cruciales en el aprendizaje”. Los detalles de la investigación pueden verlos en el artículo original (2).
Esto nos absuelve de la responsabilidad de que nuestros hijos estén “entretenidos” las 24 horas del día, y por ende de la culpa que sentimos frente a frases como “estoy aburrido”. Teniendo esto como base podemos pasar al siguiente punto.
Por nuestra salud mental, la de ellos y la convivencia familiar, no podemos permitir que este cambio de rutina anual se transforme en la tiranía de los bajitos. La planificación y la organización no atentan contra el relajo de esta época del año, al contrario. Establecer horarios, días de descanso, instancias de encuentro y momentos de diversión, permitirá que todos, padres e hijos, podamos descansar.
Propongo que seamos organizados y creativos, más allá de nuestro presupuesto o disponibilidad de tiempo.
Coordinémonos con nuestra red familiar para que nuestros hijos pasen el mayor tiempo posible acompañados haciendo alguna actividad novedosa.
Programemos las actividades considerando los intereses de todos.
Dejemos tiempo para compartir con ellos al volver al trabajo, aprovechando que se dormirán más tarde.
Mantengamos algunos horarios y restricciones.
Sobre este punto la sicóloga infantil Amanda Céspedes recomienda en el artículo citado anteriormente (1), que los niños no se duerman más allá de dos horas después que de costumbre, para que se levanten temprano (o relativamente temprano). Que no pasen más de una hora frente a una pantalla (de computador, televisor o juegos). Que hagan actividades al aire libre. Que compartamos con ellos sin estar encima y que participen en talleres o actividades programadas.
Al contrario de lo que podríamos pensar, la falta de rutina mínima dificulta el descanso. Programarnos genera expectativas de lo que vendrá y confianza en que todos tendremos tiempo de hacer lo que queremos.
Ya que tenemos la oportunidad de convivir y compartir más con nuestros hijos estos meses, hagamos de este tiempo un momento de reencuentro para conocerlos un poco más y fortalecer los lazos familiares. Nos exige un esfuerzo extra de energía, pero sin duda se compensa con el bienestar que provoca un sano clima familiar.
1 Diario La Tercera, sección Educación. 24 de enero de 2010. Link www.latercera.com/contenido/681_220360_9.shtml
2 www.latercera.com/contenido/681_220360_9.shtml
Escrito por
Paula Rodriguez Olivos Apoderada Periodista
Comentarios
bueno en las vacaciones con nuestros hijos debemos aprovechar esta instancia en ser responsables en nuestra primordial tarea de educar,recordemos que los principales educadores somos los padres.Aprovechemos de que los niños aprendan jugando y eso es muy significativo.
LA VERDAD
Me gustó mucho el comentario, porque es verdad que, por culpa, dejamos que los niños hagan y deshagan en vacaciones. ¡Gracias, Paula!
Todos podríamos aportar con ideas para los que nos quedamos en santiago...
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