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Blog Profesionales de la Educación
Fecha: 03/diciembre/2009
¿Qué lleva a personas normales a apoyar sistemas autoritarios? la película "La Ola" nos hace pensar respecto a cómo se puede sucumbir a la amenaza de la autocracia como una forma excluyente y no consensuada de dirigir, cuando las escuelas son sólo una suma de individuos cumpliendo roles atomizadamente, sin un contexto social que los sostiene, sin formar comunidades, sin discutir miradas y acordar acciones. "Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político." Hannah Arendt. A partir de la película “La Ola” (Die Welle, Alemania, 2008), basada en una experiencia real, ocurrida en Palo Alto, California, en 1967, hecha por el profesor Ron Jones, quisiera expresar algunas ideas que considero relevante invitar a discutir en nuestra realidad educacional. La educación para la democracia es un imperativo social y moral en nuestros días. Si bien ésta es un modelo falible, imperfecto, lleno de tensiones; expresa también de una manera mucho más vasta el ideal de libertad, igualdad, participación y consenso necesario para que las sociedades en su conjunto expresen su parecer, elijan sus representantes (y los modelos asociados a ellos). Esto, adquiere especial resonancia ante nuestra elección inminente, que además ostenta una baja impresionante y sostenida de jóvenes participando en el padrón electoral; a modo de ilustración, la cifra de jóvenes entre los 18 y 29 años inscritos en los registros electorales, -ad portas de una nueva elección presidencial- en los últimos 10 años no ha superado el 38%, y actualmente está en baja bordeando el 30%. Las personas que se ubican en el rango de edad entre los 18 y los 34 años pasaron de 2.305.275 inscritos en el año 2000 a un total de 1.213.521 en 2008. El apoyo a la democracia también es bajo*, bordea el 46%, en un contexto en que los partidos políticos y los políticos son los peores evaluados del curso. ¿Cómo encantar a nuestros alumnos en un modelo que al parecer es rechazado por tantos? Lo primero, repensar nuestras prácticas docentes, dejar de creer que la formación ciudadana sólo es propia de los docentes de Ciencias Sociales y reducida a clases teóricas. Además de la necesaria formación empírica, la democracia y la participación ciudadana van a permear en las instituciones, en la medida que éstas demuestren que tanto directores, alumnos, profesores, apoderados, y funcionarios, cuentan con espacios de participación y discusión, donde se ofrezcan instancias de organización legitimadas y reconocida por todos, cuando la voz de los diferentes actores, sea validada desde la acción. La democracia sin su ejercicio es como aprender las notas sin tocarlas jamás. La película La Ola plantea la interrogante: ¿Qué que lleva a personas normales a apoyar sistemas autoritarios, al punto de ejercer la violencia en su nombre? Y el experimento que realiza el profesor de historia Ron Jones con sus alumnos, responde a esta pregunta demostrando lo rápido que se puede sucumbir a la amenaza de la autocracia como una forma excluyente y no consensuada de dirigir, cuando las escuelas son sólo una suma de individuos cumpliendo roles atomizadamente, sin un contexto social que los sostiene, sin formar comunidades, sin discutir miradas y acordar acciones. La democracia se educa en el hacer democrático, desde las aulas, día tras día. Así se valoriza, se cuida y se proyecta hacia una vida en que los intereses de todos son pensados, discutidos y actuados, por muchos más que grupos pequeños de la sociedad. ¿QUÉ OPINAS SOBRE ESTO? DÉJANOS TU COMENTARIO * Según el Estudio Nacional sobre partidos políticos y sistema electoral, 2008, CIEPLAN, Centro de Estudios Públicos, Libertad y Desarrollo, PNUD Y Proyectamérica.
"Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político." Hannah Arendt.
A partir de la película “La Ola” (Die Welle, Alemania, 2008), basada en una experiencia real, ocurrida en Palo Alto, California, en 1967, hecha por el profesor Ron Jones, quisiera expresar algunas ideas que considero relevante invitar a discutir en nuestra realidad educacional.
La educación para la democracia es un imperativo social y moral en nuestros días. Si bien ésta es un modelo falible, imperfecto, lleno de tensiones; expresa también de una manera mucho más vasta el ideal de libertad, igualdad, participación y consenso necesario para que las sociedades en su conjunto expresen su parecer, elijan sus representantes (y los modelos asociados a ellos). Esto, adquiere especial resonancia ante nuestra elección inminente, que además ostenta una baja impresionante y sostenida de jóvenes participando en el padrón electoral; a modo de ilustración, la cifra de jóvenes entre los 18 y 29 años inscritos en los registros electorales, -ad portas de una nueva elección presidencial- en los últimos 10 años no ha superado el 38%, y actualmente está en baja bordeando el 30%. Las personas que se ubican en el rango de edad entre los 18 y los 34 años pasaron de 2.305.275 inscritos en el año 2000 a un total de 1.213.521 en 2008.
El apoyo a la democracia también es bajo*, bordea el 46%, en un contexto en que los partidos políticos y los políticos son los peores evaluados del curso.
¿Cómo encantar a nuestros alumnos en un modelo que al parecer es rechazado por tantos? Lo primero, repensar nuestras prácticas docentes, dejar de creer que la formación ciudadana sólo es propia de los docentes de Ciencias Sociales y reducida a clases teóricas. Además de la necesaria formación empírica, la democracia y la participación ciudadana van a permear en las instituciones, en la medida que éstas demuestren que tanto directores, alumnos, profesores, apoderados, y funcionarios, cuentan con espacios de participación y discusión, donde se ofrezcan instancias de organización legitimadas y reconocida por todos, cuando la voz de los diferentes actores, sea validada desde la acción. La democracia sin su ejercicio es como aprender las notas sin tocarlas jamás.
La película La Ola plantea la interrogante: ¿Qué que lleva a personas normales a apoyar sistemas autoritarios, al punto de ejercer la violencia en su nombre? Y el experimento que realiza el profesor de historia Ron Jones con sus alumnos, responde a esta pregunta demostrando lo rápido que se puede sucumbir a la amenaza de la autocracia como una forma excluyente y no consensuada de dirigir, cuando las escuelas son sólo una suma de individuos cumpliendo roles atomizadamente, sin un contexto social que los sostiene, sin formar comunidades, sin discutir miradas y acordar acciones. La democracia se educa en el hacer democrático, desde las aulas, día tras día. Así se valoriza, se cuida y se proyecta hacia una vida en que los intereses de todos son pensados, discutidos y actuados, por muchos más que grupos pequeños de la sociedad.
¿QUÉ OPINAS SOBRE ESTO? DÉJANOS TU COMENTARIO
* Según el Estudio Nacional sobre partidos políticos y sistema electoral, 2008, CIEPLAN, Centro de Estudios Públicos, Libertad y Desarrollo, PNUD Y Proyectamérica.
Escrito por
Gabriel Palacios Fernández Valoras UC Docente Profesor Historia y Ciencias Sociales
Comentarios
La democracia y los derechos humanos suenan como temas lejanos a las aulas... es hora de que cambiemos esas miradas equivocadas. Rescato el punto del trabajo conjunto de los docentes, por que -tal como la comprensión de lectura- son temas transversales. Formar ciudadanos es nuestra tarea conjunta.
Me parece importante lo que claramente señala Gabriel. Soy profesor y no he visto sistema más autoritario y poco dialogante que los colegios. Aún es muy rígido, cualquier disenso es visto como amenaza. Queramos o no, el autoritarismo nos rebasa. Y la política, bueno, con el binominal y todo, cada cuatro años los políticos se acuerdan de la democracia, ¿y los plebiscitos?, ¿y las formas permanentes de la inclusión?, felicito y apruebo que en algo del Estado, alguien escriba de estos temas. A democratizar las prácticas en las escuelas.
La democracia en Chile, en gral., se ejerce poco. Creo q el pueblo chileno se acostumbró a no "pelear" por lo q considera correcto, asumiéndo los costos de no decir lo q piensa en el momento adecuado de forma frustrante y, de cierta forma, autocomplaciente. Esto ha llevado a q generaciones vean con recelo y cierto desprecio a quien, en una posición autoritaria cualquiera (familiar, laboral, etc.) hace uso o abuso de su condición en vez de recibir por ello una respuesta consisa y acorde a las condiciones sociales q pretendemos tener. El miedo al qué dirán, a levantar la voz, a "quedar mal" se imponen por sobre el derecho democrático q cada uno de nosotros debiera ejercer de poder opinar, discrepar o dar a conocer un punto de vista en un ambiente de respeto e inclusión, aunq la situación sea de conflicto. En educación, como en la vida, el hecho de no tener las instancias de opinión o participación influyen en un descontento general, q se manifiesta muchas veces con descontento y violencia. El problema, como lo veo, proviene del respeto, de educar en él a quienes no se sienten respetados, y q ven vulnerados sus derechos de expresión y participación por la falta de éste, por el desinterés de quienes tienen una posición de autoridad. Como consecuencia, la actitud autoritaria proviene de la frustración, del "seguir las reglas del juego", del "pagar con la misma moneda" porq, en apariencia, así es como funciona la sociedad o grupo social al cual pertenezco, y se crea un círculo vicioso. La solución, entonces, pasa por educar, más q en la democracia, en el respeto, porq sin él la otra no puede existir.
Interesante tema de reflexión. Estamos de acuerdo en que los jóvenes no nos ven ejercer la democracia. No tienen el modelo, no saben cómo hacerlo. ¿Pero quién de nostros podría asegurar que tiene las competencias necesarias para ejercer la democracia? ¿Sabemos nosotros, adultos, comprometidos con estos ideales, "vivir democráticamente"? ¿Será que nos resulta más cómodo y fácil seguir operando desde una paradigma autoritario? Desde ahí, no tenemos que responsabilizarnos. No tenemos que comprometernos del todo. Así, podemos siempre tener la posibilidad de culpar a otros....
Estoy completamente de acuerdo con Gabriel. Creo que los jóvenes no valoran la democracia porque no nos ven ejercerla. No perciben sus beneficios, su valor y la necesidad de construirla.
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