Blog Profesionales de la Educación

Fecha: 16/noviembre/2009

¿Cómo enseñar a los niños a manejar su agresividad?

niños Hay que partir de la base que todas las emociones son positivas, incluso la rabia. No podemos evitar que los niños se enojen, se frustren o estén tristes. El problema son las conductas que derivan de esas emociones. Los adultos somos los responsables de enseñar a nuestros hijos a canalizar esa rabia, a expresarle sanamente y evitar que se transformen en niños violentos, temidos incluso por sus propios padres.

¿Cuándo comenzar? Desde que son niños pequeños. Estudios demuestran que las edades en que se observan más conductas agresivas es entre los 2 y los 5 años. Ese es el momento en que los padres deben ayudarles a que expresar lo que sienten. Una forma es reflejarles su emoción, que aprendan a identificarlas, reconocerlas y nombrarlas. Una forma es decirles por ejemplo: “¿estás enojado porque no pudiste comer lo que querías?” o “te enojaste porque ese niños no te prestó su juguete? Dejarlos sentir la rabia, hacerlos saber qué sienten y por qué lo sienten, que eso es legítimo pero que no pueden golpear a nadie.

El problema es que nosotros los adultos también tenemos dificultad para reconocer nuestras emociones y expresarlas de manera correcta. Cuántas veces agredimos a un desconocido, a nuestra familia e incluso a nuestros hijos, porque estamos cansados o tuvimos un problema en el trabajo horas antes y eso nos hace estar menos tolerantes. Esto nos lleva muchas veces a ser inconsistentes tolerando un día bien una conducta que otro día sancionamos.

Considerando que una de las fuentes de aprendizaje más importante que tienen los niños, es el ejemplo que proviene de sus padres, este tipo de conductas son nefastas para educarlos en la no violencia. Algunos padres agreden a personas por que los atendieron mal o realizan maniobras agresivas al manejar, todo frente a sus hijos y peor aún, les refuerzan la conducta con frases como: “así se hace, que no te pasen a llevar”.

Por lo tanto, la tarea es doble pero el beneficio también. Junto con enseñarles a los más chicos a canalizar su rabia, es necesario que nosotros tomemos conciencia de nuestras emociones y la expresemos en el momento correcto y de una forma adecuada. 

Otra conducta que atenta contra con la educación de la expresión de las emociones de los niños, es la justificación que hacen los padres de las conductas agresivas de sus hijos. Papás que los disculpan por todo con frases como: “el otro niño empezó” o “el otro pego primero”. Hay premisas que no debemos olvidar: los golpes no son la forma de solucionar problemas, independiente de quien haya empezado. Cada uno debe hacerse cargo de sus errores y responsable de sus actos, y eso los niños deben aprenderlo. Los padres en nada ayudan exculpándoles y justificando sus conductas agresivas.

Un valor que debemos entregar a nuestros hijos es la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. La empatía extingue la violencia. Si para ellos es ingrato ser golpeados, también lo es para el compañero. Si son capaces de sentir lo que el otro siente, podrán entenderlos y disminuirá la rabia. 

 


¿Por qué algunos niños terminan siendo siempre víctimas de Bullying?

Esta es otra cara de la misma moneda. Hay niños que a pesar de ser cambiados de colegio, vuelven a transformarse en víctimas de Bullying una y otra vez. En estos casos la tarea de los padres es enseñarles a defenderse. No sé trate de decirles que peguen más fuerte. Se trata de enseñarles a protegerse, alejándose de quienes los agreden, buscando apoyo en otros pares, sacando la voz para frenar el mal trato, mostrándose decididos a no tolerar que lo agredan y al mismo tiempo haciéndose más resistentes a las agresiones del entorno que siempre existirán.

Si todos los padres nos empeñaramos en desarrollar el reconocimiento y expresión adecuada de las emociones, así como la empatía, solidaridad y resolución pacífica de los conflictos no existiría el bullying, ya que siendo este un fenómeno sistémico, habría siempre un grupo de niños, dispuestos y con recursos,  para frenar el abuso. Así como adultos que hagan una adecuada intervención para que cada integrante pueda hacerse cargo de su dificultad y buscar soluciones adecuadas.

Finalmente si hemos llegado a perder el control de nuestros hijos, si tenemos “miedo” de la forma en que van a reaccionar, si ya no sabemos qué hacer y sentimos que es tarde para cambiar el rumbo de nuestra enseñanza: pedir ayuda a un especialista a tiempo, podrá evitar graves consecuencias. Es fundamental desarrollar estrategias en conjunto con los profesores y orientadores que en el colegio están complementando la educación de nuestros hijos.
 

 

Escrito por

Maria Emilia Olivos

Maria Emilia Olivos
Colegio Particular
Psicóloga Educacional

Comentarios

paulina
paulina, Lunes 11 de enero, 17:24 hrs

PADRES SI NO ESTAN DISPUESTOS A ENFRENTAR LOS RETOS QUE TIENE CRIAR A UN HIJO POR FAVOR ¡¡NO LOS TENGAN!!. LOS HIJOS SON UN REGLAO PRECIOSO PERO DEBEMOS ESTAR DISPUESTOS A GUERREAR CON ELLOS SOMOS NOSOTROS LOS QUE LOS TRAEMOS AL MUNDO POR ELLO SOMOS RESPONSABLES, LOS DEMAS PROFESIONALES NOS AYUDAN Y ORIENTAN EN ESTA TAREA PERO NO SON RESPONSABLES DE NUESTROS HIJOS, POR LO TANTO SI ESTAN DISPUESTOS A ENFRENTAR ESTA TAREA SACRIFICANDO NUESTRAS VIDAS POR ELLOS .... NO LOS TENGAN PLISSS, HAY SUFICENTES NIÑOS INFELICES EN EL MUNDO.... PARA SEGUIR FOMENTANDO MASSSSS

cesar milton sandoval ortiz
cesar milton sandoval ortiz, Viernes 04 de diciembre, 14:37 hrs

Camila, Nuestra sociedad actual dice una cosa y actúa de otra... por un lado, desde todos los sectores e instituciones de la sociedad se pregona la importancia de la familia y el rol de los padres, etc.., pero por otro lado y en la práctica, las exigencias laborales y económicas no ayudan mucho en esto de ser padres. Pedir permiso para ausentarse del trabajo para ir a una entrevista en el colegio o asistir a reunión a veces es imposible, lo anterior redunda en un distanciamiento y la imposibilidad de trabajo coordinado entre colegio y hogar. Los horarios y jornadas laborales muchas veces reducen al mínimo el tiempo para el contacto físico y el compartir entre padres e hijos, como consecuencia el adulto puede dejar de estar al tanto de lo que pasa con los hijos, se relajan o diluyen las reglas o normas en el hogar ("como lo voy a retar si no lo veo en todo el día") y finalmente se va empobreciendo el repertorio de acciones y actividades en las instancias donde se puede generar más contacto (como el ejemplo que señalas). Se oye pesimista el panorama. Sin embargo a pesar de todo lo anterior, si se puede avanzar y lograr, más que el éxito, la felicidad en la experiencia de aprendizaje mutuo que debería ser la formación y crianza de niños y adolescentes (tanto desde la paternidad como desde el rol docente). Insisto en la necesidad fundamental del amor, la autocrítica positiva y el apoyarse en las redes sociales que existen… amistades o personas significativas que sintamos como modelos a seguir, profesionales de la salud mental, los profesores (si se es padre y viceversa) y el colegio como institución… ¿existirán otras instancias?.

Camila
Camila, Jueves 03 de diciembre, 23:05 hrs

Toda la razón Cesar. Cuando nuestros hijos nos superan, los llevamos al colegio para que ahí "se hagan cargo". Si no lo creen, vean lo que pasa cuando los niños salen de vacaciones ¡¡¡los papás no sabemos qué hacer con ellos tanto tiempo en la casa!!!

cesar milton sandoval ortiz
cesar milton sandoval ortiz, Jueves 03 de diciembre, 16:51 hrs

No cabe duda que el tema de la crianza y formación de un hijo o hija requiere de amor verdadero, constancia, (mucha) energía y una noción medianamente clara de los objetivos a alcanzar. El que un padre, madre o adulto a cargo de un hijo(a) señale sentirse sobrepasado(a) o superado(a) puede ser la peor amenaza a la labor formativa y de cuidado hacia un menor. En el peor de los casos puede hablarnos de abierta despreocupación, negligencia o abandono hacia el menor y en el mejor de los escenarios nos señala falta de expericia, herramientas o modelos aseguir para el rol de padres. Creo que el primer paso es reconocer lo nefasto de dicha actitud ("mi hijo ya me la ganó", " mi hija me supera", etc.). Luego de lo anterior, es necesario pedir ayuda. Pero una ayuda que signifique apoyo y orientación y no desplazar la responsabilidad o "tirar la pelota" a terceros. Finalmente, reflexionar sobre el hecho que no existen los padres o madres perfectos(as), todos erramos más o menos en esto de criar. La diferencia está en el amor que se ponga en esta tarea y en hacer un esfuerzo de autocr´tica y desarrollo personal constante en mi condición de ser humano, adulto y criador(a).

fernando
fernando, Sábado 28 de noviembre, 11:11 hrs

interesante artículo, pero cómo lograr que todos eduquemos en la misma dirección?

Ingrid
Ingrid, Lunes 16 de noviembre, 11:50 hrs

Creo que los papas nos vemos superados con las reacciones de nuestros hijos, no sabemos si poner atención, responder a sus exigencias o hacer como que no los vemos. Al final terminamos reaccionando con la misma agresividad de sus pataletas...

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