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Portada / Blog de blogs / Blog Estudiantes /
Blog Estudiantes
Fecha: 06/enero/2010
Desde el inicio de la convivencia en un recinto escolar, el establecimiento y cumplimiento de ciertas normas se ha convertido en una gran problemática, tanto para los alumnos como para los padres y el profesorado. Pero, ¿qué parte de este gran tema nos interesa como miembros de la comunidad educativa? Nos enfocaremos en el cumplimiento de las normas establecidas por una institución y su interacción con la comunidad estudiantil, y cómo éstas afectan el normal desarrollo y convivencia entre los diversos miembros de la comunidad estudiantil, la comunidad docente y administrativa. Primero: ¿Cómo se comportan los jóvenes ante la imposición de normas conductuales? Segundo: ¿Cómo se hacen cumplir estas normas? Y tercero: ¿Cómo enfrenta un estudiante la imposición de un castigo debido al incumplimiento de una norma conductual? Comencemos por desglosar el primer tema. ¿Cómo se comportan los jóvenes ante la imposición de normas conductuales? Desde el punto de vista de un alumno la imposición de normas conductuales se ve siempre como una restricción a su verdadera esencia de joven, también como un signo del pensamiento retrógrado de las personas más adultas y de cómo ven ellos el mundo en relación a nuestra visión. Esta seudo-utópica visión de la juventud, de libertad y exteriorización de sus emociones y pensamientos, no siempre desmedida, se contrapone a la visión temerosa y precavida de los adultos. El sentimiento de rebeldía que nos invade, no siempre por cierto, nos provoca un grado de rechazo hacia las normas, produciendo así una aversión hacia lo retrógrado, hacia lo “viejo”, hacia lo “fome”. Por ejemplo, el que para nosotros la vestimenta en el colegio no tenga tanta relevancia como para los adultos refleja la distancia sico-social o mientras nosotros para una ocasión formal preferimos darle un toque “cool” a la vestimenta utilizando terno con zapatillas, los adultos se esmeran en ir impecablemente vestidos. Luego, ¿Cómo se hacen cumplir estas normas? Debido a la antipatía de la juventud hacia las normas, entendidas como claro testimonio de una casi conspiración por quitarle lo divertido a las diversas situaciones, se hace difícil hacerlas cumplir. De acuerdo a esto, los adultos toman medidas -a veces drásticas- que nos demuestran que el intento de forjarnos una personalidad a su igualdad y semejanza se está viendo corrompido. Las medidas más comunes para hacer cumplir las normas pueden ser a través de estímulos, en caso de cumplir con ellas, o de castigo, como se ve reflejado en el sistema penitenciario, como en el caso de un atraso en la hora de entrada a la jornada de clase: en ciertos colegios se manda a llamar a los padres para informarles sobre la situación. Estos dos métodos sirven y se utilizan bastante, pero en el primer caso, de otorgar premios por comportamiento positivo, se genera otra interrogante más, el de la igualdad de derechos y deberes, surgiendo la pregunta “¿y por qué a mí no?”. Es con esta pregunta que pasamos al tercer punto… ¿Cómo enfrenta un estudiante la imposición de un castigo debido al incumplimiento de una norma conductual? De manera natural, cuando una persona recibe un castigo su primera reacción es ofuscarse y demostrar lo que para él o ella puede haber sido injusto, pero, parafraseando una canción de Alejandro Sanz, “después de la tormenta siempre viene la calma” y el o la joven experimenta, luego de la etapa de ira, una especie de introspección en la que se da cuenta de su error e intenta remediarlo para así no volver a sentir esa rabia e impotencia por haber recibido un castigo. Es así como el cerebro de un o una joven tiende al rechazo de las situaciones incómodas o que le provoquen cualquier sentimiento de malestar. Un claro ejemplo; un estudiante, al encontrarse aburrido en el colegio decide “fugarse”, cuando un inspector lo descubre, lo cita junto a sus padres. Después de establecido y cumplido el castigo el cerebro del joven provoca un resentimiento hacia este castigo, por haber provocado un malestar. Es importante dar libertad, pero hay que saber que no todos tienen claros los límites, es por esa razón que existen las normas, para regular la convivencia, la amistad y enemistad entre nosotros. Recordemos que nuestros derechos terminan cuando comienzan los derechos de los demás. A pesar de esto aún nos queda una interrogante, ¿pueden los jóvenes vivir normados y aún así llevarse bien con los adultos siempre? La potencial respuesta sería sí, pero esto depende de la personalidad de cada joven que interactúe con la autoridad. Por Daniel Castillo Mauna. 4º Teresa de Calcuta. 2009
Nos enfocaremos en el cumplimiento de las normas establecidas por una institución y su interacción con la comunidad estudiantil, y cómo éstas afectan el normal desarrollo y convivencia entre los diversos miembros de la comunidad estudiantil, la comunidad docente y administrativa. Primero: ¿Cómo se comportan los jóvenes ante la imposición de normas conductuales? Segundo: ¿Cómo se hacen cumplir estas normas? Y tercero: ¿Cómo enfrenta un estudiante la imposición de un castigo debido al incumplimiento de una norma conductual? Comencemos por desglosar el primer tema. ¿Cómo se comportan los jóvenes ante la imposición de normas conductuales? Desde el punto de vista de un alumno la imposición de normas conductuales se ve siempre como una restricción a su verdadera esencia de joven, también como un signo del pensamiento retrógrado de las personas más adultas y de cómo ven ellos el mundo en relación a nuestra visión. Esta seudo-utópica visión de la juventud, de libertad y exteriorización de sus emociones y pensamientos, no siempre desmedida, se contrapone a la visión temerosa y precavida de los adultos. El sentimiento de rebeldía que nos invade, no siempre por cierto, nos provoca un grado de rechazo hacia las normas, produciendo así una aversión hacia lo retrógrado, hacia lo “viejo”, hacia lo “fome”. Por ejemplo, el que para nosotros la vestimenta en el colegio no tenga tanta relevancia como para los adultos refleja la distancia sico-social o mientras nosotros para una ocasión formal preferimos darle un toque “cool” a la vestimenta utilizando terno con zapatillas, los adultos se esmeran en ir impecablemente vestidos. Luego, ¿Cómo se hacen cumplir estas normas? Debido a la antipatía de la juventud hacia las normas, entendidas como claro testimonio de una casi conspiración por quitarle lo divertido a las diversas situaciones, se hace difícil hacerlas cumplir. De acuerdo a esto, los adultos toman medidas -a veces drásticas- que nos demuestran que el intento de forjarnos una personalidad a su igualdad y semejanza se está viendo corrompido. Las medidas más comunes para hacer cumplir las normas pueden ser a través de estímulos, en caso de cumplir con ellas, o de castigo, como se ve reflejado en el sistema penitenciario, como en el caso de un atraso en la hora de entrada a la jornada de clase: en ciertos colegios se manda a llamar a los padres para informarles sobre la situación. Estos dos métodos sirven y se utilizan bastante, pero en el primer caso, de otorgar premios por comportamiento positivo, se genera otra interrogante más, el de la igualdad de derechos y deberes, surgiendo la pregunta “¿y por qué a mí no?”. Es con esta pregunta que pasamos al tercer punto… ¿Cómo enfrenta un estudiante la imposición de un castigo debido al incumplimiento de una norma conductual? De manera natural, cuando una persona recibe un castigo su primera reacción es ofuscarse y demostrar lo que para él o ella puede haber sido injusto, pero, parafraseando una canción de Alejandro Sanz, “después de la tormenta siempre viene la calma” y el o la joven experimenta, luego de la etapa de ira, una especie de introspección en la que se da cuenta de su error e intenta remediarlo para así no volver a sentir esa rabia e impotencia por haber recibido un castigo. Es así como el cerebro de un o una joven tiende al rechazo de las situaciones incómodas o que le provoquen cualquier sentimiento de malestar. Un claro ejemplo; un estudiante, al encontrarse aburrido en el colegio decide “fugarse”, cuando un inspector lo descubre, lo cita junto a sus padres. Después de establecido y cumplido el castigo el cerebro del joven provoca un resentimiento hacia este castigo, por haber provocado un malestar. Es importante dar libertad, pero hay que saber que no todos tienen claros los límites, es por esa razón que existen las normas, para regular la convivencia, la amistad y enemistad entre nosotros. Recordemos que nuestros derechos terminan cuando comienzan los derechos de los demás. A pesar de esto aún nos queda una interrogante, ¿pueden los jóvenes vivir normados y aún así llevarse bien con los adultos siempre? La potencial respuesta sería sí, pero esto depende de la personalidad de cada joven que interactúe con la autoridad. Por Daniel Castillo Mauna. 4º Teresa de Calcuta. 2009
Escrito por
Daniel Castillo Mauna Liceo Diego de Almeida Curso: 4° Teresa de Calcuta 2009 Estudiante
Comentarios
Siempre hay diferencias entre lo que piensan los adultos y lo que piensan los jóvenes. Lo importante es mantener el diálogo y aprender de las experiencias y planteamientos del otro. Felicitaciones Daniel
Muy doloroso el testimonio. Creo que es una injusticia que a los jóvenes "matones" se les haya dado la oportunidad de dar exámenes libres, ya que jóvenes como ellos no merecen esta clase de beneficios, generalmente son los que hacen perder el tiempo de los profesores, alumnos y hacen que el gobierno pierda plata. La mayoría de ellos no les importa los estudios ni su propio futuro y algunas autoridades de los colegios no hacen nada para detener esta clase de maltrato que puede ser físico o psicológico. Saludos mortales desde Coyhaique
Encuentro muy buena la oportunidad que dan
Woww, me dejó sin palabras el testimonio, Rosa, agradesco personalmente que hayas decidido manifestarnos tu dolor. Y tienes razón respecto a que TODOS debemos trabajar para salvar a los demás de estas horribles experiencias, como la que tú has vivido todo este tiempo..... Me declaro partidario de tu propuesta de que se debe brindar apoyo sicológico, a los niños maltratados, fuera de los colegios porque así se le da neutralidad al sicolog@(...) para que pueda hacer una valoración objetiva. Cuando al final dices que sacas algo bueno del Bullying, me parece bastante fuerte, pero no malo, que digas que te contagiaste con la ignorancia de las escuela, ya que demuestras fehacientemente que en las escuelas, y valga la redundancia, no se educa en estos derechos, no se le enseña a los niños a manifestar sus opiniones cuando estos son vulnerados..... Propongo que TERMINEMOS CON ESE VIL Y CRUEL PERSEGUIMIENTO A LA EXPRESIÓN DE LAS EMOCIONES... porque típico de los niños en la escuelas básicas que cuando un niñito se pone a llorar o acusa a otro porque le pegaron o lo molestaron el agresor o los demás lo tildan de "niñita" "poco hombre", y así una serie de insultos que no tienen que tener expresiones fuertes para que sean dolorosas, basta un tono fuerte, golpeado o incluso una mirada para que el agredido sienta MAS agresión por parte del entorno... DEBEMOS, COMO CONSTRUCTORES DEL SISTEMA, REEDUCAR A NUSTROS COMPAÑEROS... RECONTRUIR UNA MENTALIDAD, QUE SE BASA EN LAS BURLAS Y LA AGRESIÓN, PARA CONVIVIR... ATTE DANIEL CASTILLO MAUNA. Estudiante 4° medio L.D.A III región
Estimada Rosa: Agradecemos tu enorme valentía para contar tu experiencia. Esto es un tema muy doloroso como bien tu señalas, que generalmente se vive de manera silenciosa. Respetamos y acogemos tus palabras, por eso nos interesaría mucho que pudieras contactarnos al correo contacto@convivenciaescolar.cl para poder llegar a tí y buscar la mejor forma de apoyarte. Nunca es tarde. Y en relación a tu escrito esperamos que otros estudiantes y actores del sistema educativo se sumen a reflexionar sobre lo que tú señalas. Quedamos atentos a tu contacto con nosotros. Atentamente Equipo de Administración
Yo tengo 17. he sufrido y sufro de BULLYING por muchos años, ahora soy una adolescente bastante frustrada, y con varios traumas como un Tic Nervioso, Alucinaciones Corporales y tuve bruxismo temporal por la misma situacion. Quisiera dirigime a la Ministra de Educacion Monica Jimenez. Quiero contarle una de las tantas injusticias que me toco vivir. Un dia como cualquiera revente en llanto, ya que no soportaba mas el hostigamiento de los matones. Me llevaron a la oficina del director, la cual tambien estaba uno de los matones, por supuesto se hizo la victima. Despues de ese episodio, tomaron la brillante decision de que uno o dos de los matones iban a dar EXAMENES LIBRES, me senti tan confundida, ya que no entendia como esas personas, que se supone que fueron a la universidad, decidieron darles ese PRIVILEGIO, en vez de EXPULSARLOS, y recuerdo que pregunte sobre esa situacion, y me respondieron que no podian expulsarlos, ya que "TODO NIÑO CHILENO TIENE DERECHO A LA EDUCACION", aunque vayan a calentar el asiento. Nada cambio, ya que los otros matones no se les hizo nada, a que tenian buenas notas, esta historia se podria definir como: "ME TAPO LOS OIDOS Y LOS OJOS TAN SOLO PARA NO PERJUDICAR A ESOS NIÑITOS". Entre al Liceo y todo siguio igual por que al terminar la Basica, quede tan mal que volvi muy insegura y se me desarrollo un molesto Tic. El Liceo fue el lugar mas duro, ya que todos me molestaban por ser callada y muy timida, fue cuando me empece a hacer la siguiente pregunta ¿desde cuando ser callado, feo o gordo es un pecado? Quero propornerle a la ministra Monica Jimenez una idea. Propongo que todos los Niños/as que son maltratados se les brinde apoyo sicologico FUERA del colegio gratuitamente, ya que para nosotros nos da veguenza y miedo reconocer estos abusos, y si ya es muy complicado contarles a nuestras familias, más va a ser contarles a gente extraña, como directores, profesores e inspectores, que ademas de no hacer nada, tambien son unos copuchentos, ya que uno ya sabe que hablan a tus espaldas cuando TODOS empienzan a verte con cara de lastima. Yo sé que para este proyecto se necesita plata, y CLARO que lo hay, el problema es que no se le ha tomado el peso al bullying, ya que para ustedes (ministerio de educacion) son CASOS AISLADOS. No les voy a pedir que se pongan en el lugar de un maltratado, sino que HAGAN SU TRABAJO, (...) miren si hacen el ejercicio de ponerse un segundo en mi lugar, se que es dificil para ustedes dejar el ego y el narcisismo por un segundo, pero intentenlo, y tambien quiero que le den la posibilidad de que cualquier niño/a que claramente es maltratado se les de inmdiatamente la posibilidad de hacer examenes libres, sin pasar por burocracia, ya que a mi me la negaron y si vieran como estoy. (...) Espero que usted se ponga los pantalones bien puestos, ya que si usted cree que poner una pagina web es suficiente, le voy a decir que NO LO ES, y sabe que tiene que hacer ACTUAR, ACTUAR, ACTUAR!!!. Por Dios!!! (...) Y si, tengo mucha RABIA, a mi me (...) la vida, y ya es demasiado tarde para recuperarme y ser la persona que era, pero ustedes tienen tiempo de SALVAR a esos niños indefensos. Espero que esta pagina sirva para algo (...) Quiero que piensen en las ideas que dí, ya que estarian gastando plata en algo que salvaria la vida y el futuro de esos niños/as maltratados, en vez de desperdiciar la plata en hacer colegios de mala calidad. Lo unico bueno que saco del BULLYING es que fui contagia por la ignorancia que abundan en las escuelas. USTEDES NO ME DEBEN UNA RESPUESTA, SE LA DEBEN AL PAIS. Nota: Parte de este mensaje ha sido editado. Administrador.
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Interesante tu ensayo, gracias Daniel! Creo que las normas sí son importantes para poder organizarnos y convivir, y pueden ser muy positivas si son normas básicas y constructivas, que rayan la cancha general para que todos puedan desarrollarse, hacer, vivir. El exceso de normas o la norma por la norma, producen sólo malestar, esas debiéramos dejarlas fuera, porque impiden, coartan, limitan.
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